San Antón
- 17 enero
En este mi pueblo de Madridejos, de la provincia de Toledo, hay una
plaza que es llamada "Plazoleta de San Antón". Está enclavada entre las
calles de la Cruz por la izquierda, y virgen de Gracia por la derecha. Hay
edificada una iglesia pequeña, que no está precisamente en el centro, pues
está en la parte de Poniente algo más cerca de las casas habitadas. Entre
varias imágenes está la de San Antonio Abad (patrón de los animales), que es
a él a quien está dedicada la Iglesia.
Pues bien, en los meses de febrero o marzo de cada año, era una
costumbre, el que alguna persona ofrecía por algún favor recibido de San
Antón, el comprar un cochinillo pequeño, que tras ponerle en el cuello una
cinta de color, el la cual iba metida una campanilla, le soltaba en la calle
a que se buscara su alimentación diaria por su cuenta. No tenía que trabajar
mucho para ganarse la comida, pues se ponía a caminar por las calles del
pueblo, que al ruido de la campanilla, cualquier vecino (las mujeres en su
mayoría), enseguida le sacaban a la calle el sustento, que en su mayoría era
un puñado de granos de cebada, guisantes, titos, etc., que hasta había quien
le amasaba harina de cebada molida y salvado. De esta forma estaba
alimentado en demasía. Los alimentos anotados anteriormente, es que no
faltaban casi en ninguna casa, porque en ellas se engordaban cerdos.
También en las calles que había grandes baches, o en aquellas que
existían cunetas, le echaban un par de cubos de agua y en ella se revolcaba
para darse un baño. Como lo que había usado no era precisamente jabón, si no
tierra, quedaba muy guarro el GUARRO. Entonces con otro par de cubos de
agua, se la vertían por encima y ya quedaba más presentable. Se las sabía
todas, pues cada día acudía al lugar donde la comida que le ponían era más
de su agrado, pues así "comía a la carta". Le daban también agua para que
bebiera. andando y andando, se iba a comer a otro restaurante, empleando en
esto todo el día. Era mirado con simpatía por la gente, pues los únicos que
le hacían de rabiar un poco eran los chicos. Pronto se hacía un granujilla,
y corría para que no le molestaran.
Para pasar las noches, se buscaba el sitio en algún lugar de las
tejeras existentes fuera del pueblo, y hasta alguna persona le daba sitio en
el corral de su casa o cuadra, y le preparaba buena cama de paja. Como
estaba en calidad de transeúnte, el peligro que tenía era el ser atropellado
por algún carro tirado por caballería, que él sabía esquivar bien, como lo
hacía con los coches que circulaban (que eran pocos), aunque los que iban
guiando en los carros y en los vehículos, ponían cuidado para evitar el
atropellarle.
Así transcurrían los días, semanas, meses, y aquel cochinillo pequeño,
se había convertido en un grande y gordo CERDO. Con algún tiempo de
antelación al 17 de enero, que es la Fiesta de San Antón, por vecinas del
barrio donde está instalada la Iglesia del Santo, se dedicaban a vender por
las casas del pueblo, recibos numerados para el sorteo del mencionado CERDO,
que era para solventar los gastos que ocasionaban los actos programados para
esta festividad y mantenimiento de la Iglesia. Dicha rifa se hacía en su
día. Con dos o tres días antes de la fiesta, chavales jóvenes de este
barrio, iban por las casas pidiendo leña para la iluminaria-hoguera.
Generalmente recogían gavillas de sarmientos o haces de ramón.
Llegada la víspera, 16 de enero, para por la noche a primera hora, era
encender una hoguera grande en la plazoleta orilla de la Iglesia, con la
leña recogida, que lo acompañaban con el tirar muchos cohetes por los
vecinos de este barrio. Venían a presenciarlo gente de otros barrios. He de
hacer constar, que en la casi totalidad de las casas de este pueblo
completamente agrícola, también echaban una hoguera pequeña en la calle
frente a la puerta, para que el Santo les protegiera de males e incluso de
la muerte, a caballerías, cochinos, gallinas, conejos, palomos, perros,
etc., pues eran pocos los que no tenían algún animal, también algunos
tiraban cohetes, y desde luego poquísimos era tirar con la escopeta un tiro
al aire, que como esto estaba prohibido, se metían en sus casas y en el
corral lo hacían donde no los veía nadie. Al día siguiente si se iba por
cualquier calle, no hacía falta preguntar quien hizo hoguera la noche
anterior, pues quedaba la señal en el suelo, y era en la mayoría de las
casas.
Y por fin llegaba el día 17, que es el día de la fiesta, por la mañana
celebraban la misa, y luego al Santo en procesión, recorriendo varias calles
del pueblo. Por la tarde, en su mayoría gente joven, montados en caballerías
(burros, mulas, caballos) y en carros, se dedicaban un rato en dar vueltas
alrededor de la Iglesia por sus cuatro costados, a esto lo llamaban
SANTONEAR. Como las caballerías iban corriendo, en varias veces hubo
accidentes en caídas y vuelcos de carros. En estos carros generalmente iban
cuadrillas de amigos jóvenes. Se ponían puestos de chucherías, caramelos,
dulces, alcahuetes, garbanzos tostados, etc. Ahora llevamos muchos años, que
hacen la hoguera en el poco sitio dejado en la plazuela por la central
telefónica que allí instalaron, la hicieron polvo, pero en el resto de las
casas ya no, se quemaría el asfalto, además ya no hay caballerías, ni
cerdos, que era el principal motivo, porque han sido sustituidos por
tractores y comprar en las carnicerías lo del cochino. Luego en su día hacen
la procesión, lo que no se hace en SANTONEAR.
Este San Antón es patrón de los herreros que era su día de fiesta y
descanso, celebrándolo con una gran comilona de hermandad. Así terminaba la
cosa, y a esperar al próximo cochinillo.
Y es que además está el dicho de, hasta San Antón, Pascuas son.
(José Moreno Rosell 1915-1996)
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