Situados en lugares altos y ligeramente prominentes, solían tener buenas vistas. Esto también propiciaba que recibieran aire fresco. Como se construían sobre una terraza circular era relativamente cómodo pasear y jugar alrededor de ellos, así como colocar una silla y recibir el débil sol del invierno o el algo más caluroso del otoño. Por eso en la vida rural eran también lugar para pasar el rato. Allí iban las mozas a dar un paseo vespertino, o a tomar el fresco; y en ocasiones a coser a su vera. Tampoco faltaban los niños que subían a jugar y corretear o a merendar. Como muestra de ello ahí van estas imágenes.
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