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CARNAVAL EN MADRIDEJOS ANTERIOR A
1.936
En este Madridejos, que es mi pueblo y que pertenece
a la Provincia de Toledo, que además está enclavado en tierras de La
Mancha, por donde estuvieron viviendo sus aventuras el hidalgo Don Quijote
y su fiel escudero Sancho Panza, y que sin saber por qué motivo, nos tienen
puesto el mote de barrudos, que es donde yo he nacido y en donde he pasado
los muchos años de mi existencia.
Voy a ver si recuerdo y lo puedo escribir con los
mayores datos posibles, de la forma de cómo se celebraban los CARNAVALES
en los años anteriores al 18 de julio de 1.936, que es cuando empezó la
Guerra Civil española.
Por José Moreno Rosell 1915-1996
LUGARES DONDE SE CELEBRABAN
Era por todas calles del pueblo, pero la reunión
general a concentrarse todo el personal era el Paseo del Cristo del Prado,
lo mismo los vestidos de máscaras, como los destapados de paisano. Este
lugar se ponía que prácticamente no se podía andar.
Primeramente existían dos CASINOS: el primero el
llamado RECREATIVO, que más se le conocía como el CASINO DE LOS RICOS, que
sus socios eran o aparentaban tener más dinero, pues por lo menos sus
ocupaciones de trabajos y la forma de vestir así lo parecían. A pesar de
tener una directiva compuesta por miembros que eran socios, la explotación
la hacía su dueño Julián fuentes, ayudado por sus hijos Gregorio, Pablo,
María y Guillermo, así cobrar una cantidad de dinero por meses a cada
socio.
Estaba en la calle Real, que posteriormente varios
años después de la guerra, desaparecidos el padre y hermanos mayores,
quedaron como dueños María y Guillermo; María se casó con Antonio Sánchez
Catalán, haciendo obras y desapareció como casino y se convirtió en el
CINE ALCÁZAR.
Pasaron más años y realizaron más obras, para también
desaparecer el cine, haciendo un salón para celebrar BANQUETES DE BODAS,
llamado LOS MOLINOS.
El segundo era el llamado CASINO ARTESANO o SOCIEDAD
PROTECTORA ARTESANA, que se componía de socios de los oficios de
artesanía, como carpinteros, albañiles, herreros, panaderos, comerciantes,
muy pocos agricultores, etc. Estaba y sigue estando en la calle Teniente
Infante nº 14, pero ahora se llama SOCIEDAD RECREATIVA CULTURAL ARTESANA,
aquí se vinieron a hacerse socios varios del desaparecido CASINO DE LOS
RICOS.
Era y es regido por una directiva formada por socios,
renovadas cada año, aunque es también nuevamente votada para más tiempo.
Había y hay un conserje para explotar las consumiciones de bebidas y para
la limpieza. Cada socio pagaba y sigue pagando, una cuota mensual para
cubrir todos los gastos que tiene.
También en este casino, se han hecho infinidad de
obras, siempre con la intención de mejorar sus instalaciones y proveer de
más comodidades para sus socios.
Cuando existían los dos, había algo de rivalidad,
para ver QUIEN SUPERABA A QUIEN.
Pasó un tiempo y se fundó un tercero, que fue puesto
como mote CASINO DE LA SOGA, porque sus socios eran casi en su totalidad
agricultores, y porque éstos llevaban un manojillo de esparto debajo del
brazo y se entretenían en hacer SOGUILLA. Estaba en la calle Toledo nº 1,
que desapareció y hoy está convertido en vivienda particular.
Todavía se fundó un cuarto, llamado CIRCULO
MERCANTIL, que fue fundado por jefes de comercios y sus dependientes.
Estaba en la calle Arroyuelo Medio nº 4, su dueño era Maximino García;
fueron pocos socios y se disolvió pronto; luego aquí instalaron el Centro
de Falange Española; hoy es propiedad de un vecino de esta población.
Hecha la presentación del lugar Paseo del Cristo y de
los Casinos, a celebrar los bailes, diré que la música utilizada para ello
era la siguiente:
Para el RECREATIVO, como era de gente más elegante,
solían contratar una orquesta que era de algún pueblo forastero, incluido
una muchacha ANIMADORA.
Para el ARTESANO, era el traer un organillo en
alquiler para toda la semana que duraba el Carnaval, que ya traía dentro
todo un repertorio de música variada, bailable, pasodobles, mazurcas,
tangos, etc. Tenía encargados para dar a la manivela, a Ricardo el de la
Infanta, Joaquín Álvarez “Garrón”, y al tío Manolo el Sacristán.
Los Casinos de la SOGA y el MERCANTIL, era con
orquestas de aquí del pueblo.
Aclarado un poco todo lo anterior y llegado el primer
domingo de los Carnavales, voy a ir presentando a las MÁSCARAS (mujeres) y
a los MÁSCAROS (hombres), de las cosas que hacían. Me voy a referir a lo
que ocurría el domingo, lunes, martes y domingo de la Octava, que era el
último día.
Este primer domingo para empezar a celebrarlo, se
vestían algunas mujeres, recorrían las calles del pueblo, y con quien se
encontraban, a darle la TABARRA con voces de ¿A QUÉ NO ME CONOCES, JUAN,
PEDRO o ANTONIO?. También se metían en las casas de su confianza y aquí a
lo mismo. Hombres también, pero muy pocos, que casi siempre eran uno a uno
en solitario. Por las tardes ya era vestirse en grandísimas cantidades y
de infinidad de formas, en el vestir, que iré explicando poco a poco.
En las calles del trayecto que iban al anteriormente
mentado Paseo del Cristo, todas las aceras era el poblarse de mujeres y
pocos hombres, y sentadas en sillas en las puertas de las casas, que
además de las dueñas familiares y conocidos de otros barrios más lejanos,
a presenciar el paso de la gente; siendo de edades que iban ya a mayores,
pues las jóvenes vestidas de máscaras o sin vestir habían marchado al
Paseo del Cristo.
Voy a empezar, como no, con el sexo femenino las
primeras, para que así no se me enfaden.
Se vestían con ropas antiquísimas que usaban sus
antepasados, que muchas llamaban la atención por su colorido y dibujos,
como asimismo por la hechura de modelos muy antiguos, pues en estas
fiestas era solamente cuando las sacaban de las arcas y de los baúles,
pero ya el resto del año eran guardadas. También se vestían con toquillas
de PELOCABRA en colores con bonitos bordados, refajos, mantones de Manila
o de China, etc.
Iban en cuadrillas, pues aunque también solía ir
alguna sola, eran poquísimas. Su principal cometido era el chillar
cambiando la voz para no ser conocidas, diciendo siempre la frase ¿a qué
no me conoces Fulano o Mengano?; también le aumentaban el pronunciar otras
palabras COCHINETAS y muy atrevidas, pues con eso de llevar la cara
tapada creían que no eran conocidas.
Las ARMAS que llevaban para dar más guerra eran: unos
ZORROS de los usados en las casas para sacudir el polvo, que con ellos
golpeaban en la espalda diciendo que necesitaba una limpieza, o con un
cepillo de la ropa para el mismo menester, o con una escoba pequeña dando
escobazos, o con unas tenacillas de las de rizar el pelo, ya que querían
HACERLE LA PERMANENTE, o con un peine empeñada en hacerle un buen PEINADO
A RAYA, o con alguna otra cosa por el estilo.
Había alguna más complaciente, y su misión era con un
frasco de colonia acoplado un pulverizador, dedicarse a echar el oloroso
líquido sobre la parte de la cabeza al que le gastaba esta broma, que
desde luego era agradable. Lo peor era el aguantar a todas a la vez sus
voces mientras golpeaban con los objetos antes dichos.
Los varones para defenderse era el agacharse la
cabeza y salir corriendo, que era también perseguido por las féminas.
LAS REPRESENTACIONES CARNAVALESCAS:
LAS BODAS: Se tenían que juntar muchas personas, casi
todas mujeres, que intervenían también gente menuda; generalmente se
ponían de acuerdo vecinas, familiares y amigos. Todos vestidos con ropas
muy presentables, a intervenir en lo que se había celebrado. Era ni más ni
menos que una boda.
Hay que empezar precisamente por los recién casados.
La novia vestida de manto o con vestido más moderno, que le había sido
fácil de conseguir por alguien de su familia o vecina. El novio también
vestido como si fuera verdad el que se hubiera casado (estas dos
vestimentas se pueden leer en el cuaderno que tengo escrito de DOS BODAS:
ANTIGUA Y MODERNA).
A estos recién casados, les acompañaban los padrinos
y también el padre del novio y el padre de la novia. Todos solían ser
mujeres, pues los que hacían de hombres, como es natural con ropa de
varón. Luego a continuación todo el acompañamiento se acercaban a las
personas y recibían la enhorabuena, que ellos correspondían con muchas
gracias, y les obsequiaban con un puñadito de garbanzos tostados. Así de
esta forma pasaban la tarde.
LOS BAUTIZOS: Bastantes mujeres y también gente
pequeña, vestidos normalmente, pero con ropa muy decente, representaban el
venir de bautizar a algún niño o niña, que hasta algunas veces eran dos
por haber nacido gemelos. Como costumbre de aquí del pueblo, la encargada
de llevar en brazos al recién bautizado era la que había sido la madrina.
El niño era un muñeco grande, vestido con ropa llamada de FALDONES DE
CRISTIANAR. Bastantes veces estos muñecos, eran sustituidos y llevaban
niños de verdad. Lo peor era si empezaba a llorar y entonces su madre le
tenía que callar dándole su alimento. Para ello era meterse en cualquier
cada de las más cercanas, para aquí dentro darle su ración
correspondiente. Luego, nuevamente, a recibir enhorabuenas y decir lo
hermoso o hermosa que era. Para corresponder a estos halagos, un puñadito
de garbanzos tostados.
CON DEFORMIDADES: Algunas máscaras se vestían con una CHEPA grande, para con esto y un andar de mala forma, ser menos conocidos.
Se acercaban a las personas y con voz de lamentaciones, decían que el
destierro las había proporcionado esa desgracia.
También varios con la tripa muy abultada, en
situación de estar embarazada, para de esta forma que la conocieran menos.
Se acercaba a las mujeres para no mentar su situación, que para hacerlo
pronunciaba palabras muy atrevidas.
Que me perdonen las mujeres, por las cosas que me
haya dejado en el tintero sin escribirlas, pero es que de momento no
recuerdo ninguna más.
Ahora me voy a referir a los hombres:
TIRAR CARAMELOS: Un MASCARÓN, dos o tres, en
cuadrilla, se vestían con cualquier clase de vestimenta, que llevaban unas
talegas grandes, que iban llenas de caramelos. La chiquillería como tiene
buen olfato, en gran cantidad alrededor de ellos. Llegado a un ROGAL donde
había mujeres sentadas en las aceras, allá mandaban unos cuantos
caramelos, que también allí iban los chicos a cogerlos, como esto no se
hacía con orden, arrollaban todo lo que les estorbaba, que era volcar a
las mujeres y a las sillas, que parecía que había habido un terremoto. Las
mujeres sin gran enfado, que de todas formas les decían algunas cosas
feas, pero así quedaba la cosa, pues ellos caminaban para delante y ellas
a enderezarse, que las de mayor de edad tenían que se ayudadas porque
ellas solas no podían hacerlo. Cuando llegaban al Paseo del Cristo, como
estaba lleno de gente, también armaban mucho JALEO.
¡ ALIGUI, ALIGUI ! : Con una caña en la mano
izquierda, una cuerda atada a la punta, y en la punta de la cuerda en una
lazada sin apretar puesto un higo. Le pone en posición vertical y en la
mano derecha una pequeña vara para ir golpeando la caña, y así la cuerda
con el higo se moviendo constantemente, al mismo tiempo va diciendo las
palabras “ALIGUI, ALIGUI, con la mano no, con la cara si”. También llevaba
por delante bastantes muchachos que dando brincos intentaban dar el bocado
al higo, que era dificilísimo. Cansados de tanto intento, alguno cogía con
la mano el higo y a correr se ha dicho, pues el MÁSCARO le quería dar un
palo con la vara de golpear.
RATONCILLOS POR CANARIOS: Había quién tubo la
paciencia de poder conseguir coger unos cuantos ratoncillos vivos
pequeños, que seguramente los tuvo algún tiempo alimentándolos para que no
se murieran, que ahora llevaba metidos en una jaula de canarios. Se
acercaba a las mujeres con el propósito de venderles un “CANARIO FLAUTA”,
usando palabras de propaganda “que eran muy cantores”, “que se les vendía
baratos a buen precio “, y otras cosas por el estilo. Le acercaba la
jaula para que eligieran el que más le gustaba, que entonces el grito dado
por el sexo femenino, se oía a mucha distancia, y ahora no hacían falta
los chicos de los que intentaban coger todos los caramelos, se levantaban
de la silla más que de misa. De esta forma ofreciendo venta de canarios,
tardaba bastante tiempo hasta llegar al Paseo, que aquí seguía con su
venta.
VENTA DE POLLITOS: Quien en una jaula un poco grande
llevaba unos cuantos pollitos, casi recién nacidos, para ofrecerlos en
venta, pues eran de muy buena raza. Hasta había quien llevaba incluso la
gallina madre.
VENDEDOR DE CONEJOS: Con unos conejillos metidos en
una jaula, a ponerlos en venta, pues su raza es de la de tener crías
abundantes, por lo que es un negocio para luego venderlos y para hartarse
de comer su carne en casa.
VENDEDOR AMBULANTE: Uno que tenía mucha “LABIA”,
(facilidad de palabra), para anunciar los artículos que vendía, con una
propaganda que sabía hacer formidablemente y con frases muy graciosas.
Este era exactamente Rufo “El Veterano”, bien conocido en el pueblo por
su estupendo buen humor. No llevaba puesta careta y la cara era al
descubierto. Provisto de una silla al hombro, y una maleta en la mano, no
muy llena precisamente, caminaba dirección al paseo del Cristo. La gente
al verle pasar, decían “ya va por ahí Rufo”.
Llegado al paseo, la silla y la maleta en el suelo.
Enseguida le rodeaban bastantes personas, pues ya le conocían de otros
años.
En la maleta llevaba muchas cosas todas ellas muy
viejas, peines de distintos tamaños, que les faltaba algunas púas,
cepillos de dientes, tubos de pasta dentífrica, cepillos de la ropa,
maquinillas de afeitar, (no eléctricas), cuchillas para estas maquinillas,
brochas para enjabonar la cara, pastillas de jabón, navajas con mellas,
cuchillos, cucharas, tenedores, relojes, zapatos, botas, zapatillas,
alpargatas, albarcas, calcetines, medias y muchas cosas más, que no las
llevaba todas en una tarde, era unas pocas cosas cada día para tener
variedad.
Tendría que estar recogiendo todo esto que es
inservible durante mucho tiempo, que lo guardará en su casa como unos
buenos trofeos.
Cogía un puñado de algunos y se subía a la silla.
Desde aquí con los artículos a vender en las manos, a darle a la lengua
con sus buenas ocurrencias ofreciendo el artículo, que era baratísimo, que
estaba dispuesto a “echar la casa por la ventana” y “animarse en el
negocio”. Terminaba con una cosa y cogía otra, pasando así toda la tarde.
A la tarde siguiente llevaba artículos diferentes.
UNO DE MÉDICO: Con maletín en la mano, que en la tapa
por duera llevaba pintada la Cruz Roja, bien puesto de corbata y bata
blanca, que solía ser una camisa de mujer larga antigua, llegaba el
médico. Se acercaba a alguna mujer, dejaba el maletín en el suelo, le
abría y sacaba de él unas gomas de las que sirven para reconocimiento, que
había sido fabricada por él mismo, las puntas se las introducía dentro de
los oídos. La otra parte de las gomas es parra aplicarlas el paciente, que
en este caso lo quiere hacer en la parte de delante de la mujer, diciendo
“que la va a hacer un reconocimiento”, pues la encuentra con mala cara en
señal de estar enferma, o alguna otra cosa por el estilo. Al aproximarle
el aparato al pecho, ella retrocede rápido, pues dice que se encuentra
perfectamente. Vuelve a insistir mientras pronuncia palabras
tranquilizadoras para la enferma, pero como no consigue nada saca un
termómetro y se le quiere aplicar en la axila (sobaco). Tampoco consigue
el que se le ponga, y como es consiguiente se queda sin saber la
temperatura que tiene. Se marcha y enseguida a buscar a otra paciente.
UN PRACTICANTE: Se presentaba un Practicante, también
vestido con ropa que se asemejaba a esta profesión, con su correspondiente
maletín. Le dejaba en el suelo, sacando un irrigador, o una pera grande,
que como llevaba una botella de agua, lo llenaba y se acercaba a la
persona que quiere darle la broma, que suele ser una mujer, diciéndola
“trae que te ponga una lavativa”, a la vez que intentaba ponérsela en la
parte trasera (culete). En este caso, el que hacía de paciente, se
revuelve y trata de esquivar el propósito del sr. Practicante.
PARA LOS POTROSOS: Otro que se presentaba como
médico, pero era un Protésico, provisto también de maletín, elige
enseguida al que va a ser su paciente. Deja el maletín en el suelo y casa
un braguero. Con palabras tranquilizadoras dice que “le va a hacer un buen
arreglo en la POTRA”, pues es que además está hecho el braguero al último
invento, que no le va a molestar nada, que le va a quedar perfectamente y
otras cosas por el estilo, tratando de ir a ponérselo. El que haciendo de
herniado, retrocede para atrás y como es consiguiente no se deja, pues
dice que él está perfectamente de esa parte. Insiste el arreglador pero no
consigue nada, por lo que se va en busca de otro “potroso”.
DENTISTA MODERNO: Otro perteneciente a sanidad, pues
también vestido de blanco con la ya mencionada camisa de mujer, se
presentaba con unas tenazas grandes, como las usadas en los herraderos
para herrar las caballerías, y con un cortafríos y un martillo, también
grandes, se había convertido en un dentista moderno. Se acercaba a la
persona que decía que tenía una muela picada (a lo mejor era verdad) para
con las mal llamadas tenacillas, extraer el hueso dañado, pues iba a ser
sin dolor alguno y quedaría nuevo. A pesar de sus buenas promesas, no se
fiaba el cliente y quería quedarse con todos sus dientes y muelas, pues
solamente con ver las herramientas, ya era bastante para no estar
dispuesto a entregarse en sus manos.
EL MEÓN: Había también ingenios cochinetes. Uno
vestido con pantalón debajo y mono ancho arriba, llevaba una chepa muy
grande. No era un defecto de deformación suya, es que llevaba debajo de la
ropa un recipiente para transportar líquido, en este caso era vino. Desde
este envase, por mediación de una goma de color rosado, que llegaba la
punta entre las piernas dentro del mono por encima de los pantalones, que
era a la vez tapada con un corcho para evitar el que se derramara el
vino. En una cestilla y en una fuente grande honda, tacos de jamón,
longaniza, queso, aceitunas, etc. También llevaba un par de vasitos
pequeños. Cuando se acercaba a alguno para darle la broma, lo primero era
obsequiarle con un tapita, y a continuación se desabrochaba los botones de
la bragueta del mono, por donde asomaba la goma rosada, que parecía otra
cosa cochina para hacer pis. Le quitaba el tapón de corcho, y el vino iba
cayendo en uno de los vasos, que se los iba ofreciendo a la gente y de
esta forma quedaban invitados a un chato de vino con aperitivo incluido.
Terminada esta invitación, en busca de otros clientes.
DEMASIADO COCHINO: Existía en este pueblo una
persona, que era un bromista de marca mayor, que le gustaba gastarlas la
mayoría de ellas demasiado pesadas. Era bien conocido por todas las faenas
que había hecho. Para no dejarlo en dudas, diré que era José-María Sevilla
“Coleta”, de oficio pastor. Era más bien conocido solamente por el mote de
“Coleta”, porque efectivamente se había dejado pelos largos en la parte de
atrás de la cabeza y se hacía coleta como los toreros, pues además era muy
aficionado a esta fiesta. El peluquero encargado de pelarle, por orden de
su mujer e hija, le habían dicho que cada vez que fuera a pelarse, que le
quitara poco a poco unos pocos pelos. Llegó un momento que se dio cuenta y
la cosa se puso fea, pues el peluquero lo pasó medianamente, porque estuvo
a punto de sufrir las consecuencias del enfado del tío José-María.
Llegados los carnavales, se vestía de varias formas,
que desde luego era para dar la TABARRA lo más posible. Una de estas
formas fue el realizar algo muy cochino. Vestido de ropa de mujer, la
parte de cintura para abajo, era con un refajo ancho de mucho vuelo, pero
debajo del refajo no llevaba nada puesto. Iba provisto de un trompo, que
tiraba sobre el suelo y le hacía bailar; cuando se agachaba para cogerle
en la mano bailando, daba media vuelta con rapidez para que el refajo se
levantara al revuelo que hacía, y entonces enseñar la carne de su cuerpo
de la parte de dentro. Esto era demasiado atrevido.
EL DEL CHOCOLATE: Un ingenio guarrete. Vestido de
cualquier forma pareciendo a un mendigo, llevaba en un orinal con
chorreras por fuera, bastante chocolate hecho; colgado del brazo un
cestillo con picatostes; el orinal desde el luego era nuevo sin usar
(creo). Se acercaba al que ha escogido para invitarle a tomar el desayuno,
que puede ser a un hombre o una mujer, con un picatoste mojado en el
chocolate, lo acercaba a la boca para que tirara un bocado, acompañando a
esta acción con palabras que se inventa. Para que describir el gesto que
hacía el que se encontraba con el picatoste a milímetros de sus labios,
que retiraba enseguida la cabeza. Vuelve a insistir en la invitación, que
además es gratis y no se va a cobrar nada. Ni que decir tiene que ninguna
mujer lo prueba, pero algún hombre come tostada porque comprende y se ve a
la vista, que el orinal es nuevo.
EL ESTAÑADOR: Había también quien le gustaba molestar
y se presentaba como estañador. Llevaba un cajoncillo atado con una
cuerda, que a forma de bandolera iba puesta en el cuello. Dentro unas
herramientas necesarias para esta profesión. Voceaba que se estañaba
calderos, pucheros, cacerolas, etc. En la mano derecha una lata con unos
agujeros para que entrara el aire y no se apagara la lumbre que llevaba
dentro, que para ello iba moviéndola, exactamente lo mismo que un
estañador de verdad. Lo que no era lo mismo, es lo que iba quemando, pues
al carbón le agregaba tiras de pajuela de azufre, de las que usan en las
bodegas para desinfectar. Como éstas echaban mucho humo, ni que decir
tiene que por donde iba pasando, los estornudos de las personas se van
sucediendo, pues el humo producía sus efectos.
UN BUEN PELUQUERO: Era aquel que se presentaba con
unas grandísimas herramientas pues se trataba de una máquina, tijeras y
cepillo de lo usado por los esquiladores para las caballerías. Se acercaba
al que había elegido como cliente dispuesto a hacerle un corte de pelo,
que según decía “iba a ser perfecto sin ningún trasquilón”. No se
convencía el elegido con las palabras que le decía y menos con las
herramientas que veía, por lo que no se dejaba. El peluquero insistía,
pero no conseguía nada.
UN BUEN BARBERO: El que en un recipiente bastante
deteriorado iba mojando una brocha de afeitar, que untaba en una barra de
jabón. Se disponía a darle con la brocha en la cara, que le decía que iba
a hacer un perfecto afeitado. Inmediatamente el cliente retiraba la cara
para no recibir el brochazo de espuma de jabón. El barbero había escogido
una mal profesión, pues nadie quería afeitarse.
PRENDAS DE LANA: Uno que había tenido la paciencia de
enseñarse a hacer punto de lana. Con una cestilla pequeña colgado en el
brazo izquierdo, donde llevaba un ovillo de lana, saliendo la hebra para
ir a las agujas del jersey que iba haciendo. Llevaba ya hecho un buen
trozo de un delantero, por lo que se acercaba a alguna mujer para probarle
a ver si iba bien. Lo intentaba, pero la que tenía que ser probada no se
dejaba y retrocedía para atrás. Lo volvía a intentar, y ante su fracaso, a
buscar a otra mujer.
UNA MUJER DE PEGA: Hay quien tenía la facilidad de
imitar a la perfección la voz y el chillido de las mujeres. Para ello, se
vestía con ropa femenina, arreglándose con suplementos para aparentar una
señora bien proporcionada en carnes, Un pequeño sacrificio era el
afeitarse las pantorrillas para verlas a través de las medias en lo que
quedaba más bajo del vestido, Lo más importante y para que todo pareciera
real, se tenía que martirizar para los agujeros en las orejas, para colgar
de ellas unos buenos pendientes. Como tenía que lucir esta parte del
cutis, iba muy bien afeitado y con una buena capa de polvos para disimular
todo lo mejor posible. Otra cosa también importante y de muchas molestias,
era introducir los pies en zapatos de mujer. Conseguido todo y con andares
muy afeminados, con sus chillidos de voz de mujer, no era tan fácil, como
de momento se piensa, el poder determinar si se trataba de un varón o de
una hembra. Había algún Don Juan, que se llevaba buenas decepciones al
tratar de conseguir una fácil conquista con estas falsas señoras.
UN OSO MUY HUMANO: Tres amigos, uno convertido en
animal, otro en domador y el tercero como orquesta, se presentaban de la
siguiente forma: El que hacía de animal, en este caso de oso blanco,
cubierto su cuerpo con dos pellejos de piel de borrego curtidos, de los
que se usaban en las casas para poner encima de la cama en invierno, pues
daban mucho calor, atado por la cintura con una cadena de eslabones de
hierro, que el domador llevada cogida la punta de la cadena con la mano
izquierda, y en la derecha un pequeño látigo hecho con una correa de
cuero. De vez en cuando golpeaba con este látigo al animal, para que
siguiera bailando, que era al son del de la orquesta que hacía dando
golpes sobre un tambor o una lata. De vez en cuando el domador sacaba del
bolsillo alguna golosina y se la daba en la boca al animal, que era para
tenerle contento y le obedeciera. Era exactamente igual a conforme
teníamos visto a los cíngaros que venían por los pueblos, que luego pedían
unas monedas, y estos de ahora también lo hace para que sea todo igual,
para luego se convidaran estos tres amigos.
VA DE CUERNOS: Estos espectáculos los hacían
solamente por las mañanas. Se tenían que reunir muchas personas, en este
caso hombres solos. Caminaban hasta un lugar, plazoleta o un enlace de
calles, donde el espacio era un poco mayor, y allí a construir la plaza de
toros. Enseguida iban acudiendo personas para convertirse en espectadores
y presenciar el arte. Primeramente, tres o cuatro, vestidos con trajes
andaluces y mantilla, que algunas veces eran mujeres; daban una vuelta a
la plaza. Empezaban a sonar las palmas de los espectadores . . . ficha 56
LOS BAILES
Cuando anochecía, la mayoría del personal a meterse
en los salones de baile. Estos salones se ponían abarrotados de gente que
era casi imposible el andar, pues para trasladarse de una punta del salón
a la otra, había que esperar a que sonara el organillo y tomar la
dirección de las parejas que iban bailando. Antes de finalizar, había
quien cenaba temprano y se presentaba a coger sitio para ella y a la vez
para algunos familiares más, pues luego después de cenar se ponía difícil
encontrar sitio libre para poder estar sentados.
Ponían un portero que conocía bastante a los socios y
a sus familiares, para que entraran solamente estas personas.
Por las noches, con menos gante, pero aún seguía
siendo mucha para el local, acudían pocas máscaras, ya que en vez de
careta usaban antifaz, que se le quitaban al poco tiempo transcurrido. La
vestimenta muy vistosa y muy variada, pues era para el concurso de trajes,
bien de pastor, de andaluces, de baturros o de alguna otra región, o
inventado. Las mujeres igual, con antifaz, vestidas de cíngaras,
chulaponas, madrileñas, chinitas, etc., muchas de ellas con Mantones de
Manila.
A cada lado de las paredes del salón, un par de filas
de bancos y sillas, para las que se sentaban. En el centro un grupo de
hombres de una punta a otra del salón, por lo que quedaba solamente un
pasillo entre estos del centro y los sentados, que era la pista de baile.
Cuando sonaba la música del organillo y se ponían en
movimiento las parejas bailando, para poder trasladarse de una punta a
otra tenía que ser metido entre los bailadores para poder caminar, a favor
de conforme bailaban, pues al contrario era imposible por lo apretados que
estaban todos.
Se paraba un poco tiempo para el concurso de trajes.
La terminación era tarde, entrada las primeras horas
de la madrugada, y así terminaba hasta la noche siguiente.
LOS PAPELILLOS: Lo que si era mucha costumbre por las
noches, era el tirar rollos de serpentinas, como asimismo gran cantidad de
papelillos.
Había una cuadrilla compuesta por 4 ó 5 amigos, que
para esto de los papelillos eran temidos. En las panaderías como
necesitaban bastante sal, la compraban por sacos que eran pequeños. Los
amigos que digo anteriormente en su mayoría eran panaderos, se presentaban
con estos saquitos, atados con una cuerda en un extremo y en otro, se
pasaban la cuerda por la cabeza y en forma de bandolera quedaba el caso
debajo del sobaco, y los llenaban de confeti. Con la mano izquierda abrían
la boca del saco, para con más facilidad entrar dentro, exactamente igual
a los hombres del campo cuando iban sembrando el trigo o la cebada.
Dentro del salón, se hacían dos grupos, uno por la
parte izquierda y otro por la parte derecha. Empezaban a casar puñado tras
puñado de papelillos y a tirarlos a diestra y siniestra, lo mismo al
personal sentado junto a las paredes, así como a los que estaban de pie en
el centro, al igual que las parejas que estaban bailando, armando tal
revuelo que no cesaba hasta terminar de dar la vuelta completa al salón,
que era mucho tiempo, pues lo hacían con lentitud para que la mayoría
participara de esa molestia, pues si tal vez agradaba recibir un puñadito
de estos papelillos, no es así el tener que aguantar tanta cantidad a
puñados llenos.
Atrás iban dejando montones de confeti sobre las
cabezas, hombros y parte delantera de las personas. Como daba la
coincidencia que muchos recibían de distintos sacos, como en cada uno era
de color distinto, parecía el arco iris. Había alguna mujer más abierta de
genio que solía decir “Jodíos, no tiréis más”.
Cuando terminaban de dar la vuelta, se quedaba la
gente un poco más tranquila, pero de todas formas sin fiarse mucho, pues
era estar toda la noche de un lado para otro y no dejaban de tirar, pero
era con menos insistencia.
Solían ir al Casino Recreativo, que aunque no eran
socios, los dejaba entrar el portero, pero también solar ir al resto de
los casinos.
El estar enterado el que escribe esto, de lo que
pasaba con los del saco en los casinos, es que daba la coincidencia de que
uno de los componentes de la cuadrilla, era yo precisamente.
Su hijo José-María sigue pasando las anotaciones |